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PJOE que PJOE

2012 enero 10
por landi

Si esto es un blog de política (risas) y se escribe desde la provincia de Cádiz (que esto sí es cierto), hoy tocaría hablar de la asamblea local de los socialistas, celebrada anoche, para elegir delegados al congreso, con sus dos listas, sus intrigas, sus odios legendarios, sus griñanistas, sus filtradores, sus comentaristas de blogs, sus quintacolumnistas, sus pizarristas y sus avíos de siempre.

Pero resulta cansino, imposible sacar una conclusión nueva. Otra vez el debate, conveniente, público, transparente, necesario, ese que no tienen otros partidos, acaba en descalificación. El secretario general local, Chiqui Pérez Peralta, se descuelga diciendo que “los verdaderos derrotados políticos de la asamblea son Rafael Román y Francisco Menacho”. El último, recordemos, es consejero de la Junta. Ni un respetito institucional. Los aludidos han respondido en términos similares, menos faltones, pero igualmente distanciados, de los suyos y de los demás.

Peralta llega a burlarse “de los que quieren el cambio y todo eso…”, como si tras los dos últimos resultados electorales en la provincia, hubiera otra cosa que buscar en el PSOE.

Sería lamentable que un legítimo intercambio de propuestas, ideas y representantes acabara en el navajeo sectario de siempre, de no ser porque ya nadie se molesta en lamentarlo. Tenemos muchas cosas que lamentar a diario.

Los socialistas andaluces, los gaditanos, especialmente, hace años que perdieron el contacto con la realidad. Son como Amish, creen que su minúsculo mundo es el del resto. Se empeñan en presentar sus problemas cuando todos esperan soluciones. Creen que los que critican este somnífero espectáculo, en sesión contínua desde que existía el Cine Imperial, son fachas, oponentes, malvados, cuando la mayoría de los ciudadanos que deja caer su mandíbula por el peso del asombro llora que tanta torpeza, tanta endogamia, tanto velar por el culo propio, impida el imprescindible equilibrio de fuerzas políticas que anhelamos muchos. En la ciudad de Cádiz, sin ir más lejos, resulta muy perjudicial el monopolio político, que ya casi es provincial, prácticamente uniforme en lo autonómico, en lo estatal. Si fuera roja, en vez de azul, la abrumadora mayoría, igualmente inquietante sería, porque perturba, marea, confunde.

Todo el mundo (el que está fuera de las asambleas, las sedes y la menguante militancia, es decir, casi todo el mundo) les mira esperando que se den cuenta de que nos dan igual sus listas y sus broncas, porque renovadores y clásicos, rubalcabistas, griñanistas, pizarristas, chaconistas o cualquier otro tipo de ’istas’ transmiten la sensación de velar por intereses propios mientras crece la marea del desinterés ajeno. Ya sé que parece simplista, demagógico, pero alguien tiene que promover otros modos, otro estado de cosas que empiece a alejar la sensación de que sólo están pensando en su culo, en su puesto, en conservar plaza en los decrecientes despachos, en los, cada vez menos, escaños, en su futuro. Mientras el nuestro parece cada vez más oscuro.

Parecen incapaces de oir que mientras se comporten así, los ciudadanos les verán más como parte del problema que como parte de la solución, que se buscarán otros en los que confiar, siquiera unos miligramos, porque con esta gente (unos y otros) no hay quien quiera ir ni a tomar café.

Al final, con esta forma de debatir, les dan la razón a los que ocultan en sus partidos la democracia interna, a esos que consiguen crear la fantasía de que sólo piensan en el interés general.