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Empate a cero (se clasifica Rajoy)

2011 noviembre 8

Hoy toca decir quién ganó. Yo creo que nadie, que perdieron los ciudadanos, sobre todo los indecisos, los que dudan hacia dónde dirigir el voto, los que esperan alguna propuesta, alguna pista de por dónde puede ir el imprescindible cambio de hábitos que nos aguarda.

Rajoy se aferró a los 5 millones de parados. Argumento incuestionable, sólido como castillo que ni necesita defensa de alto y duro que es. Estuvo fino al recordar una evidencia que parece olvidada, las elecciones son adelantadas, lo que supone una aceptación del desastre por parte del Gobierno que formaba Rubalcaba. Empezó leyendo, nunca superó, ni falta que le hace, su filtro gris de persona premeditadamente mediocre que piensa que como los jesuítas, rodeándose de mejores, o con la constancia y el orden se consigue todo. No picó en las preguntas de RBCB, no se salió del carril porque sabe que es su única virtud, ser previsible. Incluso, se lo reclama al país. Qué aburrimiento nos espera. Sabía que le servía el empate y escondió la pelota. Rentable para él, para su partido, quizás para sus votantes, no para los ciudadanos.

Rubalcaba intentó jugar al ataque, golpear primero. Trató de interpretar su papel de brillante perdedor, de valiente incomprendido, pero el aroma a derrota que deja salir empieza a ser hedor. Se le vio siempre como jefe de oposición. Se le escaparon varias veces frases en las que daba por hecho que Rajoy será presidente. Empleó más tiempo en desmenuzar el programa contrario que en explicar el propio, porque sabe que el primero es el que importa. Trató de pregonar, con acierto, que los populares aplicarán recortes dolorosos, injustos, beneficiosos para el sector privado y la especulación, clasistas, antisindicales, contra los asalariados… Pero tiene la losa de venir de un Ejecutivo que empezó ese mismo camino. Dejó que el partido acabara en empate cuando ese resultado le hunde.

Total, como dijo Kirkegaard: “Una pechá pa ná”.