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Triste cartelera

2011 noviembre 7

Apenas recuerdo una campaña con menos expectativas y expectación. La certeza de lo inevitable paraliza el mejor ánimo. Todo está decidido, consumado. ¿Para qué?

En esas llega el debate televisado y mutilado. Tanto, que ni debate será. Y apenas habla nadie de él más que en los medios. Poco ambiente, sensación de intrascedencia, de trámite que cumplimentar cuanto antes, de cualquier manera, porque ni la excelencia ni la combatividad ni la apatía tendrán premio ni castigo.

Esa misma sensación de que todo da igual, de que podría sobrar perfectamente, que destila toda la campaña.

Los beneficiados por la desactivación y la desmovilización tienen motivos para brindar.