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Polonia, una grieta más en la Unión Europea

2016 enero 19
por Miguel Salvatierra

La Comisión Europea activó por primera vez el día 13 el mecanismo legal que permite imponer sanciones a los países miembros que violen el Estado de derecho. Bruselas ha puesto la lupa sobre dos normas aprobadas en Polonia por el nuevo Gobierno ultraconservador del Partido de Ley y Justicia (PiS).

Manifestación en la ciudad de Poznan a favor de la democracia, el pasado nueve de enero. EFE

Manifestación en la ciudad de Poznan a favor de la democracia, el pasado nueve de enero. EFE

Lejos de estar satisfecho con la mayoría absoluta obtenida en las elecciones del pasado 25 de octubre, el Ejecutivo que preside Beata Szydlo ha decidido eliminar cualquier traba legal o mediática que se interponga en la aplicación de su programa político. Para ello ha cambiado el sistema de nombramiento de los magistrados del Tribunal Constitucional y de los directivos de la radio y la televisión públicas. No se quiere ninguna cortapisa a sus proyectos para prohibir el aborto, eliminar la educación sexual en las escuelas, dotar de más poder a la Policía, controlar las actividades en internet y discriminar cualquier publicación que cuestione la historia oficial y buena imagen de Polonia.

El mecanismo puesto en práctica por Bruselas tiene un largo recorrido en tres fases cuyo objetivo es determinar si ha habido un incumplimiento de los buenos usos democráticos. De momento es un aviso y se buscará que no acabe con unas complicadas sanciones a la sexta economía de la Unión. La respuesta de Varsovia no ha sido muy conciliadora. En una carta, el Gobierno de Szydlo advierte que: “Polonia es un Estado soberano y democrático. Le pido que en el futuro ejerza mayor contención al instruir y apercibir al Parlamento y al Gobierno de un Estado soberano y democrático”.

El caso de Polonia, al igual que el de la Hungría de Víktor Orban, con similares medidas antidemocráticas, constituyen unas inquietantes fisuras en el consenso sobre el Estado de derecho de la UE. Una deriva autoritaria que se ha visto además impulsada por la crisis de los refugiados, que ambos Gobiernos han explotado hasta la saciedad para beneficiar sus postulados políticos. Poco importaba que los dos países fueran en la inmensa mayoría de los casos una mera etapa del viaje hacia las ricas economías de Austria, Alemania, Francia o Reino Unido.

El desafío del Este se produce cuando la herida griega está lejos de cerrarse y empieza a despuntar el conflicto derivado del referéndum británico. Mientras, la Unión no acaba de digerir ni tan siquiera aproximarse a una vía de solución al problema de los refugiados que está cuestionando sus señas de identidad y liderazgo interno. Si en un primer momento, pareció que la canciller Angela Merkel, se mostraba dispuesta a asumir el timón y tomar decisiones difíciles, las primeras complicaciones internas comienzan a torcerle el pulso. Los abusos sexuales y violaciones de Colonia y otras ciudades del centro y norte de Europa pueden ser definitivas para que cada país afronte el problema cómo quiera y pueda, sin pensar mucho en las consecuencias. La peor y menos europea de las soluciones.

En plena crisis de los refugiados, el nuevo Gobierno de Varsovia lanza todo un desafío al consenso democrático de la UE