Skip to content

Guerra a las humanidades en Japón

2015 octubre 2
por Miguel Salvatierra

El Gobierno de Japón ha decidido que en estos momentos no es necesaria la enseñanza de humanidades ante las nuevas prioridades del país. El pasado junio, el ministro de Educación, Habukun Shinomura envió una carta a las universidades públicas con la recomendación de que eliminaran o reestructuraran las licenciaturas de Literatura, Historia, Arte, Educación, Derecho, Economía o Sociología para potenciar las carreras técnicas.

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, durante una rueda de prensa parlamentaria, el pasado viernes. EFE

El primer ministro japonés, Shinzo Abe, durante una rueda de prensa parlamentaria, el pasado viernes. EFE

La cuestión es que la carta, más que una propuesta, era una exigencia, ya que la financiación de la universidad dependería de la aplicación del plan gubernamental. El motivo de tal reforma es, según el Ejecutivo, paliar la escasez de técnicos y científicos cualificados que estaría provocando el envejecimiento de la población. La mayor parte de las universidades han acatado la directriz, aunque entre las que lo han rechazado destacan la de Tokio y la de Kioto, las dos únicas que figuran en el ranking de las 100 mejores del mundo.

El primer ministro Shinzo Abe lleva desde diciembre de 2012 en que llegó al poder tratando de sacar a la país de dos décadas de estancamiento con la aplicación de una agresiva política de reformas estructurales, que hasta ahora no ha dado los resultados esperados. La realidad es que las dos décadas de crecimiento económico estancado no están siendo traumáticas. El país mantiene un nivel de vida y tecnológico envidiable –el paro está en torno al 4%– y la población no da muestras de estar insatisfecha. Sin embargo, los cambios demográficos y la fuerte competencia de otras potencias asiáticas como China y Corea del Sur explican las urgencias de Abe.

Niñas japonesas al salir de un colegio de Tokio. REUTERS

Niñas japonesas al salir de un colegio de Tokio. REUTERS

El tinte autoritario del primer ministro nipón que se desprende de su forma de imponer las reformas ya quedó de manifiesto con sus controvertidas opiniones sobre el reciente pasado de Japón. Abe cuestionó la existencia de las esclavas sexuales en el Ejercito imperial durante la Segunda Guerra Mundial y que los criminales de guerra nipones lo fueran desde la óptima de su país.

Este desprecio de los hechos históricos se compagina bien con ese plan reformista que quiere impulsar al ‘homo habilis’ del siglo XXI en detrimento de las especialidades del conocimiento más ligadas al ser humano: el pensamiento, la literatura, la música, la teoría de la justicia, la estética. Entre las características más genuinas de las humanidades figura el fomento de la autocrítica, la creatividad y la capacidad de análisis más allá del momento inmediato. Y estos aspectos, aunque no sean fácilmente cuantificables, sirven para impulsar a un país y mejorar la formación y vida de sus habitantes.

En cualquier caso, no parece que los planes del Ejecutivo nipón sean un hecho aislado. En España, a partir del año próximo desaparecerá la filosofía del segundo de bachillerato, arrumbada como lo fueron la literatura, la música o la pintura. Y más allá de estos hechos puntuales en Japón o en España, hay una clara tendencia general a considerar las carreras de humanidades como algo inútil o poco práctico. Luego extraña que personas con relevancia social o de importantes responsabilidades hablen de forma penosa, se expliquen mal, les falte vocabulario o desconozcan hechos básicos de nuestra historia y cultura. Quizás ese declive de las humanidades tenga más repercusión en nuestra realidad práctica de lo que pudiéramos pensar.

 

El Gobierno pide a las universidades públicas que dejen de impartir licenciaturas en Literatura, Arte, Educación, Derecho, Economía o Filosofía