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Malvinas, el enemigo en casa

2015 septiembre 25
por Miguel Salvatierra

Las torturas y abusos que sufrieron los soldados combatientes en la guerra de las Malvinas por sus superiores eran ya conocidos, pero la negativa de la Corte Suprema argentina a investigar lo sucedido y hacer justicia ha provocado una gran indignación, a la vez que ha reabierto una herida que no nunca llegó a cicatrizar, sobre todo en aquellos que sobrevivieron a la contienda y en los familiares de las víctimas. El carpetazo de los tribunales que consideran los hechos prescritos ha llevado a los excombatientes a recurrir ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por “negación de justicia”. El Gobierno argentino, por su parte, disconforme también con la decisión de los tribunales, ha decidido reforzar la demanda ante el organismo internacional desclasificando archivos secretos de las fuerzas armadas sobre la guerra de las Malvinas.

Soldados argentinos leen la prensa en Port Stanley (Malvinas). REUTERS

Soldados argentinos leen la prensa en Port Stanley (Malvinas). REUTERS

La documentación que sale ahora a la luz revela el plan de la dictadura para ocultar estos delitos al regreso de las tropas al continente. Entre los escritos figuran las denominadas “actas de recepción”, que tenían que rellenar los soldados al volver y en las que debían hacer constar su estado de salud y cómo habían sido tratados. La mayoría de los testimonios dan cuenta de los padecimientos que sufrieron: hambre, el “pie de trinchera” (congelamiento de los pies por la humedad y el frío), ‘estaqueamientos’ (castigo por el que el soldado era atado sobre el suelo a cuatro estacas con los brazos y piernas abiertos en cruz durante largas horas y a bajísimas temperaturas), enterramientos en fosas, palizas y vejaciones. También hubo antisemitismo, como reflejó el excombatiente Silvio Katz, que denunció cómo le hicieron comer sus propios excrementos al grito de “judío cagón”, orinar sobre sus compañeros y sumergirse en el “pozo de los lamentos” de agua helada.

La principal prueba de este ocultamiento es un escrito secreto firmado por el entonces comandante en jefe del Ejército, teniente general Cristino Nicolaides, el 30 de diciembre de 1982, seis meses después de terminada la guerra en el que se determina que: “en los casos en que se acreditare alguna infracción, las respectivas resoluciones no excederán el ámbito disciplinario, dentro de pautas de mesura guardando la adecuada reserva”. También recomienda calificar de “falta disciplinaria” cualquier vejamen o maltrato de la tropa.

Lo peor, el hambre

Natasha Niebieskikwiat, primera periodista argentina en pisar las Malvinas después de la guerra, investigó a lo largo de varios años las vivencias de los combatientes y lo reflejó en el conmovedor ‘Lágrimas de hielo’ publicado en 2012. A su juicio, pese a las torturas y sufrimientos infligidos, lo peor fue el hambre, la falta de alimentos, cuyas escasas existencias quedaban reservadas para la oficialidad. Existe constancia de que al menos cuatro soldados murieron de inanición.

Soldados argentinos prisioneros vigilados por militares británicos. AP

Soldados argentinos prisioneros vigilados por militares británicos. AP

Una dictadura debilitada decidió reforzarse recurriendo a la trampa del orgullo nacional ante el enemigo exterior. Para ello no dudó en mandar al matadero a chicos de 18 y 19 años, procedentes de las calurosas provincias del norte argentino y de zonas muy humildes, que llegaban a un archipiélago de clima polar sin apenas instrucción militar y equipamiento adecuado.

Uno de los datos más terribles es el suicidio de 450 veteranos de guerra, una cifra superior a los muertos en combate en las islas, si excluimos los 323 tripulantes del crucero ‘General Belgrano’, hundido por orden de Margaret Thatcher, pese a estar fuera de la zona de exclusión que ella misma había fijado. Especial impacto provocó la muerte de Eduardo, ‘Tachi’, Paz, que se arrojó al vacío desde el monumento a la bandera en la ciudad de Rosario.

El profesor argentino de Derecho Constitucional, Andrés Gil Domínguez, en un artículo publicado en el diario ‘Clarín’ considera inexplicable la sentencia que clausura la investigación penal sobre los casos denunciados. En su opinión, constituyen un “delito de lesa humanidad”, ya que “las torturas acaecidas en Malvinas no fueron un hecho aislado, sino que formaron parte contextual de un plan de agresión sistemática contra la población civil que utilizó la guerra como instrumento revitalizador de los objetivos del Proceso de Reorganización Nacional” impulsado por la dictadura militar.

 

El Gobierno argentino desclasifica documentos secretos sobre las torturas a soldados después de que la Justicia se pronunciara contra su investigación