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El juicio de la neonazi Beate Zschape remueve viejos fantasmas en Alemania

2013 mayo 13
por Miguel Salvatierra
La neonazi Beate Zschäpe entra en la sala del juicio, el pasado lunes seis de mayo. REUTERS

La neonazi Beate Zschäpe entra en la sala del juicio, el pasado lunes seis de mayo. REUTERS

El juicio de la neonazi  Beate Zschäpe y de cuatro presuntos colaboradores de su banda terrorista quedó aplazado el pasado lunes después de que la defensa recusara al juez en la primera vista oral. Las revelaciones  en torno al grupo ultraderechista causaron un grave escándalo en 2011. Entonces se supo que Beate Zschäpe junto a dos compinches, Uwe Böhnhardt y Uwe Mundlos, asesinaron a ocho personas de ascendencia turca, a un griego y a una agente de la policía. También perpetraron dos atentados con explosivos y 14 atracos con los que se financiaban.  Los dos compañeros de la terrorista aparentemente se suicidaron en la caravana con la que recorrían el país cuando la policía estaba a punto de darles caza tras un atraco.

El escándalo cobró una nueva dimensión cuando se supo que entre 2000 y 2007 ni la policía, ni los servicios secretos alemanes tenían la menor pista del grupo. Es más, las autoridades y un amplio sector de los medios de comunicación consideraron, en medio de la indignación de las familias de las víctimas, que eran crímenes por ajustes de cuentas entre mafiosos turcos. Se habló de los “asesinatos del döner”, al ser la mayoría pequeños empresarios y regentar algunos de ellos este tipo de restaurante de comida rápida de origen turco.

El proceso debería permitir hacer algo más de luz sobre el funcionamiento de estos grupúsculos violentos neonazis. El trío de asesinos se denominaba NSU (Underground nacional-socialista) y tenía múltiples contactos con otras ‘fraternidades’nazis  semiclandestinas existentes en el país.

Un grupo de manifestantes neonazis participan en una marcha en Érfut, Alemania, con ocasión del  1 de mayo de 2013. EPA

Un grupo de manifestantes neonazis participan en una marcha en Érfut, Alemania, con ocasión del 1 de mayo de 2013. EPA

 

De la proliferación de este tipo de grupos puede dar prueba el folleto que el estado de Brandenburgo envió el pasado año  a los hoteleros del land para ayudarles a detectar las reservas que enmascaran reuniones de nostálgicos del III Reich. Cerca de 1.200 propietarios de hoteles y restaurante recibieron un cuadernillo de 20 páginas en el que se les ayudaba a identificar expresiones, logotipos, marcas de ropa y calzado que delatan a los extremistas. Entre estas observaciones se llama la atención sobre un aparentemente inocuo “88”, bordado sobre la ropa o dicho en forma de saludo. La “H” es la octava letra del alfabeto y quiere disfrazar el habitual “Heil Hitler”, prohibido, como todos los signos y simbología nazi, por la Constitución alemana.

Más complicado será averiguar los vínculos de estos grupúsculos con partidos políticos afines: el Partido Nacional Democrático (NPD) y la Unión del Pueblo Alemán (DVU), ambos en conversaciones con vistas a fusionarse. Estas formaciones obtienen resultados escasos en las elecciones legislativas (1,5% en 2009). Sin embargo, sí están presentes en varios parlamentos regionales y ayuntamientos de dónde consiguen la  mitad de sus ingresos. El NPD en concreto consigue 1,5 millones de euros al año provenientes de las arcas del Estado. Fuentes policiales consideran que, además de los dos partidos citados, existen unas 200 ‘fraternidades’ y asociaciones nazis que darían cabida a unos 25.000 miembros considerados como potencialmente violentos. Una violencia racista y xenófoba que desde 2009 ha producido 180 asesinatos, según la fundación de derechos humanos Amadeu Antonio.

Las revelaciones sobre los diez asesinatos de la banda ultra y la negligencia policial causan estupor en la sociedad germana