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Víctor Jara, el derecho de descansar en paz

2013 enero 14
por Miguel Salvatierra
Víctor Jara canta con un grupo de niños en un barrio de la periferia de Santiago, en una imagen sin fechar.

Víctor Jara canta con un grupo de niños en un barrio de la periferia de Santiago, en una imagen sin fechar.

Las fotos  no son de color sepia, pero sí de un peculiar blanco y negro que delata el paso del tiempo. En ellas se puede ver a un Víctor Jara casi siempre sonriendo o con su guitarra. Imágenes que vuelven a saltar a los medios tras casi cuarenta años de su asesinato al informarse de la detención de los ocho exmilitares que participaron en su tortura y muerte.
Jara se convirtió en el emblema del horror de la dictadura pinochetista y muchos lo han comparado con el asesinato en España de Federico García Lorca. Detenido al día siguiente del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, el cantautor fue reconocido por los militares al ser internado en el Estado Chile de Santiago. ¡A ese hijo de puta me lo traen para acá!, fue el grito de oficial con el que arrancó el calvario de palizas y vejamientos que sufrió a lo largo de cinco días hasta que fue acribillado a balazos, según relata el abogado Boris Navia, otro de los presos y que logró sobrevivir.
La investigación judicial se reactivó en 2009, a raíz de que un soldado que estuvo en el estadio reconoció haberle disparado. Aunque más tarde se retractó, su versión sirvió para que la Justicia ordenara la exhumación del cuerpo de Jara. El pasado 29 de diciembre, el  juez de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vázquez Plaza,  procesó a los ocho exmilitares, entre ellos a los exoficiales Hugo Sánchez y Pedro Barrientos como autores directos del crimen. Contra este último se dictó una orden de captura internacional al residir en Estados Unidos.
Han pasado casi cuarenta años de la muerte del autor de ‘El derecho de vivir en paz’, pero resulta alentador que finalmente los autores de graves violaciones de los derechos humanos sientan el rigor de los justicia y sus víctimas obtengan satisfacción aunque sea en sus tumbas. En la vecina Argentina, el mes de octubre se cerró otro capítulo pendiente de la guerra sucia con las condenas por la matanza de 16 presos políticos en el penal de Trelew, también perpetrada hace casi cuarenta años. Son pequeñas victorias sobre la impunidad  de los asesinos y sientan también un valioso precedente para similares actuaciones en el futuro. Un argumento más para respaldar la aplicación del principio de justicia universal en casos de crímenes de lesa humanidad, genocidio o torturas. Habrá que ver qué respuesta dará la Administración estadounidense a la solicitud de extradición chilena, teniendo en cuenta que uno de los artífices del golpe contra Allende –y de otros tantos en Iberoamérica– fue el exsecretario de Estado, Henry Kissinger, hoy con 89 años,objetivo de numerosas iniciativas que persiguen su procesamiento por instancias internacionales.

El procesamiento de los ocho exmilitares que participaron en su tortura y asesinato puede cerrar el episodio más emblemático de la represión pinochetista