Skip to content

Cainitas

2012 enero 18
por jaragon

La lucha por el poder que supuestamente ofrecen las asociaciones y colectivos de diversa índole, el odio visceral al vecino de enfrente, la envidia de posesión de coches, terrenos e incluso amores, o la estupidez más absoluta y auctóctona, está llevando a la ruina al otrora conocido como término municipal de Chiclana.

El rifirafe político desvía la atención de lo verdaderamente importante en demasiadas ocasiones. Mientras los unos juegan a enredar, los otros se enredan de la manera más tonta, perdiendo un valioso tiempo para salir de la crisis y trabajar en positivo.

Entretanto las cifras no engañan. Chiclana se está convirtiendo en una ciudad gris, desempleada, ociosa. Aumentan los barandistas a la misma velocidad de vértigo que la cola del Inem, que supera ya los 13.000 desempleadso. Pero no por eso -ni aunque esté desorbitado el precio de la gasolina-, dejamos de usar el coche, de discutir por el aparcamiento, de aparentar a las puertas del colegio o de la guardería.

En Chiclana ya no se ven tantos Audi Q7 ni BMW X5, sinónimos de la construcción desaforada que ha esquilmado buena parte de nuestro territorio en los últimos años sin que nadie hiciera nada para evitar un crecimiento tan falso como pasajero. Pero sí se ven a cientos de jóvenes en los bares, lamentándose, perdiendo cada minuto de sus vidas frente a una barra y una cerveza en lugar de formarse y tratar de salir de la situación a la que se han visto abocados por pensar que estarían toda la vida ganando 4.000 euros al mes ‘haciendo chapuces’.

Chiclana es el ejemplo más claro de la indolencia gaditana en estos momentos. Cada manifestación está teledirigida, quienes construyeron viviendas ilegales quieren servicios y pagar lo mínimo, y se irritan cuando alguien les explica que cometieron una irregularidad que aunque generalizada, deben pagar; quienes están en paro exigen ayudas para poder seguir viviendo del cuento en muchas ocasiones, y quienes tenían formación, cultura, ganas y buenas intenciones, se ven abocados a malvivir en trabajos precarios, lejos de su vocación y luchando contra corriente para subsistir.

Está claro que éste es un pueblo de cainitas. Chiclana no levantará cabeza hasta que alguien ponga orden y acabe con el compadreo, sin importarle las consecuencias medibles en número de votos o pérdida de amistades.

Al fin y al cabo. El compadreo y lo chapucero que hemos sido en los últimos años en este pueblo que decían que era tan emprendedor nos ha llevado hasta donde hoy estamos.