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Las sombras del pinar

2011 diciembre 14
por jaragon

Fernando se ajusta las mallas. Toquetea el botón derecho de su reloj y comienza a correr. A pocos metros, Bob y su dueña juegan al perro y al ratón con una pequeña pelotita de goma rosa. Ninguno de los tres son conscientes de las sombras que les rodean.

El pinar tiene vida propia. Convertido en reducto de amantes del mismo sexo, del sexo a deshora y de la inmunidad del dinero rápido y el polvo hambriento, el pinar se ha convertido en punto de encuentro contra la crisis, contra la homofobia, contra el infierno.

Cada atardecer las luces de los coches alumbran el sudor y el deseo entre hombres. Por las mañanas el alba anuncia que será un día estupendo para practicar deporte o para sobrepasar la línea de lo prohibido ante los ojos de la sociedad entre arbustos y maleza, con los pies llenos de barro y arena, con el rugido del motor de los coches que llegan y se van, con la clandestinidad de quienes se citan en secreto por internet y ni siquiera se conocen.

Han pasado cuarenta minutos. Fernando llega exhausto. Se seca el sudor con la palma de su mano y de inmediato aprieta de nuevo el botón de su reloj. A pocos metros, la dueña de Bob abre el maletero para que entre, le suelta la correa, y arranca sin percatarse del juego de sombras que marca la vida del pinar…