Nos quitaron el sábado de Carnaval
Os propongo el clásico juegos de las diferencias. Sí hombre, aquel que consiste en buscar aquellos detalles que no coinciden entre dos imágenes que aparentemente son la misma. En este experimento, esa fotografía sería el balance de lo ocurrido el pasado sábado de Carnaval. Las dos estampas que os muestro son las que llevan la firma del Ayuntamiento de Cádiz (enlace a la web donde se publica la información que emite el Consistorio) y el relato que ofrecen los miembros del dispositivo de seguridad y emergencia que estuvieron esa madrugada al pie del cañón. Vivieron y sufrieron los problemas crónicos de una noche condenada al fracaso y a la resignación del gaditano que harto de tantos excesos, gamberradas y destrozos se recluye en su casa o se marcha fuera por esa noche. Mis compañeros ‘gaita’ con más experiencia y conocimiento que yo se encogen de hombros y tras jurar en arremeo, dicen que no se puede hacer ná. Borran esa noche de su calendario carnavalero y esperan a que pase la marea humana. Recuerdan que esos problemas también existen en otras fiestas de renombre y que no se puede extrapolar los incidentes del sábado con el resto del Carnaval. Este diagnóstico es certero muy certero porque los altercados, que han dejado este año su firma plasmada en la fachada de Catedral, no se reproducen los días siguientes en los que también se bebe alcohol, se desfasa (¿por qué no? si no conlleva mandar al de al lado a urgencias por un botellazo en la cabeza) y sobre todo, se oyen muchas coplas… Por eso debería doler al que gobierna esta ciudad y al que le da o no su voto, que una masa de incontrolados, que no mean en la puerta de su casa pero sí lo hace con suma alegría cuando cruza las Puertas de Tierra, revienten ese día porque sí y le quiten una noche por la cara al amante del Carnaval, al que ha hecho de esta fiesta algo grande, muy grande.
Tal nivel de resignación debería revisarse al menos, no vaya a ser que un día tengamos que contar muertos en lugar de heridos; a alguien le de por pedir responsabilidades y todos nos miremos con cara de tonto pensando que esto se veía venir. Debo de ser demasiado ingenua por pensar que si existe una ley es para cumplirla y que si está prohibido beber en la calle -salvo en espacios habilitados- los restantes 364 días con sus respectivas noches, ¿por qué no puede hacerse lo mismo ese sábado? Es que el aluvión es incontrolable argumentarán muchos; también lo era en las barbacoas y cada vez hay menos ‘metepatas’ porque al acortarse la barra libre, se lo piensan dos veces y buscan otro lado donde hacer el ganso sin que nadie les llame la atención.
Lo que seguro no conduce a nada bueno es negar la evidencia, describir el martirio que viven los vecinos del centro de “noche tranquila y sin incidentes” y quedarse tan pancho. Muy poco beneficio saca la ciudad a esa noche para disfrazarla de logro multitudinario. No hallo las ventajas de ver cómo los trenes escupen chavalería cargada de bolsas con bebida y algo de comida (normalmente poca) y el gaditano encerrado en casa. ¿La próxima imagen que promocione el carnaval será ésta?
Entonces olvidémonos de atraer visitantes con billetes en la guantera ni extranjeros deseosos de conocer ese tesoro patrimonio cultural para contarlo luego fuera. Y si por estas líneas me quiero cargar la fiesta, entonces desterremos cualquier sentido crítico, ése que permite mejorar las cosas que no funcionan bien y aprender de los errores. Sí, lo del primer sábado de Carnaval es un auténtico error, pero visto lo visto parece que seguiremos cometiéndolo.
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Lorelay
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harta
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silvia tubio


