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Suicidios. ¿Por qué no informamos?

2011 noviembre 29
por Miguel Domingo García

Estas dos últimas semanas se han sucedido muchos suicidios en Cádiz. El pasado miércoles 17 de noviembre, por ejemplo, en un mismo día hubo tres “precipitaciones” (como me dijeron en Policía, con un término de muy poco gusto). También se ha extendido como la pólvora la noticia (aunque no salió publicada) de una mujer se arrojó por el hueco de la escalera en el Puerta del Mar días atrás. Por último, ayer la Policía mandaba  una nota en la que se contaba cómo unos agentes evitaban otro suicidio en San Fernando.

Mis amigos me han preguntado estos días ¿por qué no informáis de los suicidios?

Cuando comencé como becario, en otro periódico, me dijeron que de los suicidios no se escribía. Y punto. Sin más. Sin explicaciones.

Alguien me explicó poco después la razón: al parecer, las informaciones de suicidios fomentan la imitación y hace que otros, ya un poco desquiciados, se decidan a dar el paso. Un fenómeno llamado ‘efecto Werther’, en memoria de la obra “Las desventuras del joven Werther” de Goethe, a cuyo protagonista muchos románticos del siglo XIX remedaron volándose la cabeza de un tiro.

Yo añadiría otra razón. Las noticias de sucesos están para otra cosa: para hablar de “gente mala” que le hace daño a los demás, a la sociedad, a sus allegados o a gente a la que ni siquiera conoce. (saldrá el capullo que diga: “el suicida le hace mucho daño a la gente que le quiere”). Los protagonistas de los sucesos son gentuza que comete delitos y es necesario que la sociedad sepa de su existencia. Que alguien se quite la vida, o al menos, las razones por las que lo hace, no le compete a nadie.

Otras veces un suicidio origina que otra persona salga herido o incluso muerto: ocurrión con una joven de Arcos, que se mató después de ahogar(se) su hija en una bañera. También suicidios que tienen detrás una protesta, como el que se quema a lo bonzo delante de alguna oficina. Ese tipo de casos sí se publican.