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Me voy a pegar un tiro en el pie

2011 noviembre 2
por silvia tubio

En honor a nuestro primer comentarista y usuario de este blog canalla. Y me lo pego porque en estos tiempos que corren es complicado hablar de denuncias por abuso policial sin recurrir a la imagen del agente de porra caliente. Esa imagen que se ha repetido en los medios de comunicación vinculada a las manifestaciones nacidas en torno al movimiento del 15M. Pero existe una visión distinta, que se hace desde el cristal de quien tiene que frenar cualquier desorden público. La patrulla Malagente lleva años viviendo a pie de furgón policial cómo trabajan unidades como los GRS (Guardia Civil) o la UPR (Policía) en noches complicadas, de alto riesgo, donde el desenfreno raya lo delictivo o lo sobrepasa sin disimulo. Hemos compartido insultos, amenazas, actitudes chulescas, lanzamientos de objetos (aún lloro por esa chaqueta adorada que alguien me regó con garrafón) y un sinfin de situaciones difíciles de soportar. Recuerdo ahora a cierto mozalbete con más antecedentes que años de vida, que se burló de los policías que lo habían detenido por robar. A la salida de la Comisaría, les miró desafiante: “Ya me voy a casita listos”, les soltó la criatura.

Afirmar con rotundidad que no existen abusos policiales es como asegurar que no hay ningún mal profesional en la medicina, el periodismo o la ingeniería. Igual de erróneo es apelar siempre al recuerdo de ‘los grises’.

Nos cuentan que cada vez son más comunes las denuncias contra miembros de los cuerpos policiales y muchas veces sin base alguna, ya sea por intervenciones en la movida o investigando a una red de explotación sexual. Pero mientras se resuelve, al funcionario de turno le coronan con la apertura de un expediente disciplinario y ya se verá… La reflexión del día es la siguiente:  Al poli que se sobrepasa, ya sabemos lo que le ocurre si es pillado, pero ¿no se debería perseguir y penar con más contundencia las denuncias falsas? Está claro que los archivos o los fallos absolutorios no frenan un fenómeno que, nos cuentan, va en aumento. Ahí queda eso.