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Las decisiones de Clooney

2012 enero 25
por rvazquez

 

Bendito sentido del humor. El que minimiza la desgracia, contiene el dolor y endereza el camino desviado por la tragedia. Ponerle la otra mejilla a la pena no le es nada difícil al guionista y director estadounidense Alexander Payne (‘Entre copas’, ‘A propósito de Schmidt’). Al menos en sus películas. La última, ‘Los descendientes’, puede que pase a la historia del cine por alumbrar la mejor interpretación de George Clooney o por cosechar uno o dos premios Oscar (está nominado en cinco categorías, incluidas las tres más importantes). Que no es poco. Pero sus 110 minutos sirven para incorporar a nuestras historias personales algunas lecciones a tener en cuenta. La primera, ya le hemos comentado al principio del post, y él mismo la sugirió hace unos días en una entrevista: “En la vida hay risas incluso en las peores circunstancias”. Imaginen un cuadro más triste que el del comienzo de la película: Matt King, un rico abogado y terrateniente de Hawai, se enfrenta a un momento decisivo en su vida. Su mujer, con la que en los últimos años llevaba una relación intermitente, se encuentra en coma tras sufrir un accidente náutico. Hacerse cargo de sus dos hijas, una díscola adolescente y una niña demasiado mayor para su edad, no le resultará nada fácil. Como tampoco lo será el definir con sus primos qué hacer con los terrenos que poseen en una paradisíaca isla hawaina. Vender o no vender, esa es la cuestión. Y ahí está la segunda moraleja de la cinta. Lo fácil es la transacción, el pájaro en mano, el vivir de los réditos durante toda la existencia y la de sus vástagos. Pero esa herencia territorial con la que uno cuenta desde la cuna se convierte en una herencia familiar, en un tesoro demasiado querido para dejarlo en manos del mejor postor. Esa isla fue pasado, pero sobre todo es presente y por qué no, futuro. Para prepararse para ese mañana sin su mujer, King (Clooney) tiene que enfrentarse con un ayer que desconocía: la moribunda tiene un amante. En compañía de sus hijas, King iniciará un viaje para conocer al otro hombre y para conocer entonces cuáles son los verdaderos sentimientos que profesa a su esposa. En esa resolución encontramos la otra perla que Payne ha extraído de la novela escrita por Kaui Hart Hemmings. Algo que a menudo olvidamos. Queremos a los demás y nos quieren por quienes son-somos. Con sus defectos, sus virtudes, sus problemas, sus alegrías.

De la actuación de Clonney habrá oído maravillas. Que son ciertas, aunque con este guion y con esa dirección no resulta muy meritoria. Encaja perfectamente en el exitoso y rico trabajador que a priori lo tiene todo pero cuando su vida da un vuelco se percata de que no tiene nada, al menos, controlado. Quien ha sorprendido gratamente es la actriz Shailene Woodley, que encarna a la hija mayor de los King. La joven soporta una fuerte carga dramática durante toda la cinta sin caer en la impostura, consiguiendo recrear ese paso tan largo y tan poco definido de la adolescencia a la madurez.

Por lo demás, todo muy al estilo Payne. Sencillez y más sencillez. Sin artificios. Cuidado de la fotografía y la música (local, su repetición engancha y echa para atrás a partes iguales). A veces, en cine, las grandes historias salen de las tramas más simples. Como casi todo.