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Mis comerciales por Navidad

2011 diciembre 27
por Andrés G. Latorre

En el cine, como en la vida, hay muchas maneras de reconocer al impostado, al falsario, al sastre del traje nuevo del emperador. Uno de los más fáciles de reconocer, les confesaré un secreto, es aquel que se rasga las vestiduras y, junto a un tronco yermo y con la puesta de sol al estilo de ‘Lo que el viento se llevó’, abomina de ese concepto tan maldito de ‘Cine comercial’.

Como bien expresaba el crítico cinematográfico Carlos Pumares,  los Hermanos Marx era cine comercial, y John Ford, y todas las películas de la época dorada de los años 30. Porque lo bueno se vende, es comercial (se puede hacer ‘comercio’, compra-venta) con él.

En Navidad me encantan las películas más comerciales. Es decir, las que han sobrevivido al tiempo y a los vaivenes de modas. Hoy, en este blog, voy a destacar dos que seguro que os gustarán: ‘Los Gremlins’ y ‘¡Qué bello es vivir!’ Pese a la inevitable moralina navideña (que roza el ridículo en el segundo de los títulos) no me negarán que ambas, con una buena tanda de polvorones y un vasito de anís, constituyen el mejor bálsamo contra el mediocre cine navideño invendible de estos días de niños que se ilusionan con perros, de abuelos que recuperan la ilusión y de ejecutivo indignantes que dejan aparcada la crisis y el dinero porque el milagro de la Navidad les hace entender que lo importante es canta villancicos con el pequeño Joe con una ridículo jersey de punto con un alce dibujado. (Oh, y suenan campanitas)