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Nuestros sabios abuelos

2011 diciembre 18
por Andrés G. Latorre

En la noche del sábado me hice un hueco entre las ociosas plumas. Una copa de brandy (consejo de la siempre sabia periodista jerezana María José Pacheco), una bolsa de pipas y un DVD: El gran dictador.

Mientras la veía, debe ser la 9 vez que lo hago, me asaltaba una pregunta una y otra vez. ¿Sería posible una película tan comprometida, de tanta actualidad, tan dramática, tan divertida, en nuestros días? ¿Podríamos hablar de guerra, de genocidio, de totalitarismo y amenaza global siendo cómicos sin ser frívolos, populares sin ser populistas, comprometidos sin ser demagógicos? La película se estrenó en 1940. EE UU aún miraba desde lejos lo que pasaba en el escenario bélico europeo y la Unión Soviética no se había desengañado de la falacia del pacto de acero. Pero los campos de concentración estaban llenos y los ghettos se iban consolidando en los países ocupados por el Reich.

¿Se imaginan una película en 2011 hablando de Gadafi y retratando sus excentricidades y el sufrimiento del pueblo sin perder un ápice de humor y de ternura? Y eso que Gadafi está a años luz de ser Hitler… Películas como ésta dejan el alivio de pensar que la humanidad pare genios constantemente, pero la pena de que, hoy en día, no queda ninguno. Y mientras, de fondo, se escucha una patrulla de matones de las SA  gritando eso de “Arios, arios, qué superiores son los arios”.