Otra vez no, por favor. Yo sé que la isla lo necesita. Que es la mayor concentración de turistas que un evento es capaz de registrar durante tanto tiempo. Que va a favorecer a las compañías aéreas, a los turoperadores, a los hoteleros, a los restaurantes, a los comercios, a los hamaqueros, a los chiringuitos, a los barcos turísticos, a…toda la gente a la que va a traer empleo. Y trabajo. Mucho trabajo. Pero es que ver como la isla se ve invadida de nuevo por estos “amantes de la noche” me pone enfermo. Hablo de las discotecas de Ibiza.
Pero se pusieron de moda las discotecas de Ibiza
Vivir en una zona turística tiene sus ventajas. Pero también muchos inconvenientes. Si encima vives en una isla, los inconvenientes se multiplican en todos los sentidos. La comida es muy cara. Cualquier producto que no se encuentre disponible tarda una barbaridad en llegar. Y llega con sobreprecio. Si no te andas listo también llega con menos peso. Hasta que se pusieron de moda las compras por Internet, un par de zapatos podían llegar a catalogarse como un lujo. Bueno, Internet y las tiendas de chinos, que también se llevan su parte. Pero tenías las playas, el campo, la dulzura de los atardeceres, la vida tranquila. Casi como un pueblo pesquero de costa.
Pero se pusieron de moda las discotecas de Ibiza. Adiós a las playas, saturadas con duerme-monas. Se acabó el campo, y se cambió por el cemento. La dulzura de los atardeceres también dijo adiós, no porque se acabaran, sino por la cantidad de gente que se te pone delante con menos educación que un bollo de leche. Y por supuesto, se acabó la vida tranquila.
Las discotecas de Ibiza en los apartamentos de enfrente
Desde los apartamentos que permanecen cerrados todo el invierno y se abren para la temporada, llegan noche sí y noche también el Papanamericano y el chunga-chunga. Todavía no me he recuperado de la última concentración de Harleys avanzando por la calle a las tantas de la madrugada. Los futbolistas se dedican a realizar carreras por las calles con tanta amnesia que al saberse famosos, se han confundido con Fernando Alonso. Por el día, hay tanta gente con la mandíbula desencajada que a ratos me pregunto sino seré yo el raro que la tengo más o menos derecha.
Yo entiendo que la isla vive en gran parte de las discotecas de Ibiza. Pero es que hay vida que no la es.

