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De reyes traidores, fanfarrones y… el pueblo

2012 marzo 19
por pepapacheco

Será porque es verdad eso de que el nombre nos marca y nos condiciona. Será porque desde siempre me ha emocionado cualquier episodio en el que el pueblo se da la mano para hacer frente a los intrusos y darles un buen revolcón. O será porque hace ya más de una década que Cádiz es mi casa… Sea por lo que sea, toca gritar bien alto “¡Viva la Pepa!”.

Hoy más que nunca, aunque no lo olvido ningún año desde aquella vez en la EGB en que supe por primera vez de esta hazaña de los españoles que plantaron cara a los soberbios franceses, se me llena la boca con este canto que, paradojas de la historia, no fue exactamente el que se gritaba allá por 1812 en las calles de la Cádiz sitiada. Y si quieren conocer mejor cómo fue ese día de hace 200 años les recomiendo encarecidamente el artículo de mi compañero Daniel Pérez Un día en la cuna de la libertad, que les resolverá todas las dudas.

Después de meses de especulaciones sobre un nuevo mortero de largo alcance con el que Napoleón pensaba dar el visto bueno a la Carta Magna, el 19 de marzo, por primera vez en mucho tiempo, no cayó ninguna bomba sobre Cádiz. (…). Para desespero de los franceses, los espías insistían en que los 108 bodegones y freidurías y las más de 320 tabernas ‘legales’ de la ciudad continuaban llenas a rebosar, por no hablar de los colmados y de los cafés, ocupados por turnos. El mariscal Die Soult, harto de tanto desprecio, subió la apuesta a 515 granadas, con el mismo vergonzoso resultado”.

Así lo cuenta Daniel Pérez, y recuerda cuales fueron los motivos que dieron vida a esa famosa complilla que narra que las chicas gaditanas, con querencia natural a la mofa, utilizaban el plomo caliente de los proyectiles para rizarse el pelo. Después, ya solo podía pasar que se cantara aquello de: ‘Con las bombas que tiran / los fanfarrones/ se hacen las gaditanas / tirabuzones’.

 

Tenía que haber una canción, una coplilla como la que aquí canta Juana Reina y que yo siempre escuchaba tarareada en casa, que contara la hazaña de un pueblo que estuvo muy por encima de sus gobernantes, que alzó la cabeza y defendió lo que ni sus monarcas fueron capaces de defender. Por eso es llamativo que hoy mismo, en la cuna de la Pepa, un Borbón, nuestro actual monarca, se haya acordado de que los españoles de 1812 estuvieron muy por encima de sus autoridades. Así, de paso, don Juan Carlos censuraba la actitud de su antecesor Fernando VII, que pasó de la sumisión patética ante Napoléon a la traición a su pueblo, como tan bien cuenta Juan Gómez Jurado en Aquel primer soplo de esperanza.

Fernando agradeció la lealtad y la candidez, el sacrificio heroico de los españoles durante la guerra y el esfuerzo titánico de las Cortes rompiendo todas y cada una de las promesas que había hecho. Se negó a firmar la Constitución, persiguió a los liberales y encabezó una represión absolutista ayudado por parte del Ejército. Finalmente, el presagio de aquel árbol tronchado por el viento del que hablábamos al principio se había cumplido. En su forma más negra.

Pero no pudo eliminar del todo ese primer atisbo liberal, esa Carta Magna que entre otras cosas implantó la libertad de imprenta y trató de atajar privilegios. Ese texto que nació del pueblo y que fue posible gracias a las lucha de todos, de héroes como Diego de Alvear, el ilustrado cordobés al que solo se puede reivindicar.

Así que hoy, tomen una copa de vino a la salud de la Constitución que cambió la historia de España, disfruten del amplio programa de actividades que hay con motivo de esta conmemoración y sigan cantando entre dientes contra aquellos fanfarrones… o contra los actuales.