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En las calderas (pequeño homenaje)

2012 abril 11
por ccherbuy

Los que consiguieron sobrevivir a la tragedia del Titanic, de la que se cumplen cien años, aseguran que el barco siempre tuvo sus luces encendidas hasta que se hundió. Algo posible porque 30 personas (un número doloroso) en vez de poner su vida a salvo, permanecieron en las calderas echando carbón para que otros barcos pudieran localizar al buque y los botes. Cuando se habla de la tragedia casi nadie se acuerda de ellos, sí de la orquesta que al parecer estuvo tocando también hasta el final, pero no de ellos. Suele ocurrir, que de aquellas personas que ponen tanto empeño porque algo salga bien, que no muestran su cara porque se la parten día a día nadie se acuerde.

A ellos, a los que les han obligado a marcharse y a los que se quedan, les dedico estas líneas que no es mucho, pero ahora mismo es lo que me sale para expresar mi gratitud. Con el paso del tiempo las dificultades, los golpes, los momentos duros, quedan como anécdotas y lo bueno es lo que florece en la memoria. Lo cierto es que ha sido mucho de lo uno y de lo otro, pero la tripulación de este barco, que ahora no pasa por su mejor momento, siempre estuvo al quite con el objetivo de que llegara a buen puerto. Hemos chocado y se ha perdido a parte de esos compañeros, profesionales que se han dejado la piel en el intento de hacer bien las cosas, pero en esta vida eso no tiene reconocimiento porque lo que queda es la persona que logra hacer aunque sea algo extraordinario. A veces es injusto al resultar que el que lucha día a día es menos que el que gana una sola batalla. Para mí es extraordinario haberme encontrado con personas dispuestas a pelear de forma continua por hacer bien su trabajo.

Porque con ustedes he aprendido que puedo valerme por mí mismo y soy capaz de superar retos, eso no tiene precio. A pesar de lo verde que estaba me dieron mi primera oportunidad y el principio fue muy complicado y lo he pasado mal, aunque también hay buenos momentos y sobre todo buenos compañeros que dieron su mano, que escucharon y entendieron cuando hacía falta, eso tampoco tiene precio.

Hemos chocado y hemos perdido a muchos, mientras que los que seguimos lo haremos metidos en las calderas para que la luz no se apague y con la esperanza de que no lo haga. Para eso hace falta valor, algo que le sobra a este equipo al que le duele que intenten acallar su voz.

Gracias a todos y suerte para aquellos que emprenden un nuevo rumbo a los que les deseo lo mejor, y volver a encontrarnos en una situación totalmente distinta.