Perdonen que hoy hable de los amigos, pero Freddy Ginebra es una cita obligada cuando uno viaja a Santo Domingo. Es increíble cómo un ser puede tener tanta energía. Primero, la presentación. Freddy Ginebra es dueño de una publicitaria, Cumbre & Saatchi… Eso le da de comer, o mejor dicho, paga el arroz y las habichuelas que se come en su casa. Pero lo que de verdad le alimenta es Casa de Teatro y sus amigos.
La Casa se fundó hace más de 30 años (el trigésimo aniversario se celebró con un fiestón y libro incluido) en aquellos años setenta en Santo Domingo en los que gobernaba un señor llamado Joaquín Balaguer. El ‘doctor’ (como todo el mundo conoce a Balaguer) fue presidente con el dictador Trujillo pero llegó a hacerse tan célebre como él. Mítica fue su frase “La corrupción se detiene a la puerta de mi despacho”, que en la práctica implicó que todo lo que estaba más allá de esa sacrosanta entrada era un nido putrefacto (una “manga de ladrones”, que diría el ex presidente uruguayo Sanguinetti). Balaguer alentó y permitió la corrupción en una camarilla y creó grupos de esbirros que sembraron el terror y aniquilaron a toda una generación. Si tienen interés en el asunto lean “Los que falsificaron la firma de Dios” trasunto de Balaguer, una novela premiada con la que pasó algo similar que con aquel galardón de Padilla que dividió a la izquierda latinoamericana.
Pero mejor dejamos el tema de los dictadores y nos vamos al extremo opuesto. ÇEn Casa de Teatro comenzó a dar sus primeros pasos un joven Juan Luis Guerra, cuando 4.40, el grupo, era más importante que él y Maridalia llevaba la voz cantante. Por allí han pasado Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, Ana Belén, Víctor Manuel y decenas más.
Aquello fue el oasis en medio de un desierto de sangre y desesperanza. Y por eso Casa de Teatro y Freddy Ginebra goza del prestigio que tiene hoy en el país. Hoy en día, allí van a tomarse un ron o una ‘fría’ (cerveza Presidente) embajadores y empresarios, pintores sin un peso en el bolsillo y artistas consagrados, oficinistas con aspiraciones de cantautores, profesores y amas de casa, extranjeros y nacionales. Todo el que pasa por la puerta se siente bien recibido. Y no es el tópico del Caribe, créanme.
Freddy estuvo hace dos años en Cádiz para presentar su libro. En realidad, como él mismo dijo, era una simple excusa para repartir besos y abrazos. La presentación fue en la APC. Nada salió bien: no pudimos poner el DVD que había traído; el ron acordado no llegó y tan sólo éramos 15 ó 20 personas. Y sin embargo, qué noche la de aquel día, cuánto nos reímos (los que asistieron pueden atestiguarlo).
De aquel viaje salió un capítulo de su nuevo libro, un tomo que recoge crónicas de viajes y comentarios de lo más jugoso. Espero que vuelva a Cádiz y espero que estas líneas sirvan para que alguien más se acerque a escucharle. “Con el tiempo -me dijo él un día- he aprendido a pensar menos y sentir más, así soy más feliz”.